Simplemente esperábamos demasiado de una situación, de una persona o de nosotros mismos.
La derrota de Paraguay ante Estados Unidos no solo puede analizarse desde lo táctico o físico. También existe un factor psicológico que muchas veces marca la diferencia: el miedo al miedo.
Cuando juega Paraguay, ocurre algo extraordinario. Por unas horas dejamos de ser desconocidos. Las calles se llenan de camisetas albirrojas, los compañeros de trabajo hablan del partido, las familias se reúnen frente al televisor, los vecinos comparten emociones y generaciones enteras se encuentran alrededor de una misma ilusión.
Cada vez que juega Paraguay, miles de personas se reúnen frente a una pantalla con ilusión, esperanza y emoción. Soñamos con una victoria, celebramos cada gol y sentimos que, por un momento, compartimos un mismo objetivo.



